Al final de mi tercer año en la Escuela de Arte de Edimburgo, mi profesor de dibujo Harry More-Gordon, dijo a todos sus estudiantes que debían volver en otoño con un cuaderno de bocetos terminado. Esto supuso una amarga medicina para unos veinteañeros distraídos. Ese verano viajé al extranjero y cuando regresé traje conmigo los resultados de lo que se convertiría en una larga obsesión: dibujar lo cotidiano. Ya que mi principal inspiración para la pintura procede de la imaginación, dibujar y pintar lo cotidiano se ha convertido en un ejercicio de incalculable valor.

Pintando a orillas del río Uwutetamo (no.22)

Pintando a orillas del río Uwutetamo (22)

    Me siento afortunado de haber pasado siete semanas en Belo. Es un privilegio poder mirar atrás, hacia el propio mundo, desde el ventajoso punto de vista de otra sociedad tan diferente. Durante cinco de esas semanas, estuve pintando cada día. Visualmente hay tanto que absorber en una sola calle que decidí desde el principio restringir mis movimientos a la población en la que estaba viviendo. En muchas ocasiones era como si estuviera dando mis primeros pasos cautelosos por la superficie de la luna, así de diferente era la atmósfera en Belo. Esta diferencia en la apariencia de todas las cosas también se convirtió en una motivación para escribir.
    Aquí están reproducidas todas las pinturas de Belo. Los tonos marrones se hicieron mezclando barro de la calle con látex mate.

Pintando 3 Corners (3) bajo la lluvia

Pintando 3 Corners (3) bajo la lluvia
 

    Resultaba divertido que en Belo muchas veces me etiquetaran de ‘pintor espía’ en una misión secreta para pintar un restaurante local o una gasolinera. “¿No sería más lógico una cámara?” pensaba.
    Otra especulación frecuente era que un europeo pintando del natural seguramente vendería sus pinturas por una gran cantidad de dinero al volver a casa; y si sucedía que había un propietario de aquello que yo estuviera pintando, a menudo me lo insinuaba en busca de una pequeña comisión. La idea de desarrollar una actividad que no tenía garantizada una remuneración no encajaba en su imagen de Occidente, por lo que se inventaban algunas historias poco probables. Allí estaba yo, al lado de la carretera mezclando pintura, barro y látex, mientras algunos lugareños me imaginaban como un pintor millonario o un agente secreto.
    Si la pintura del natural recibió alguna herida por la invención de la cámara hace ya más de ciento cincuenta años, entonces ahora se encuentra en un estado de rigor mortis. Poca gente hace esto hoy en día, lo cual es un poco extraño, ya que ni el mundo real ni nuestro córtex visual han cambiado mucho en los años de intervalo. Hoy en día la gente lleva una cámara en el móvil las veinticuatro horas y puede descargarse las imágenes fácilmente en casa para retocarlas con Photoshop siempre que quieran. Yo continuaré pintando la realidad porque me apasiona y es para mí un desafío y una manera continua de aprender. Por otro lado, me complace que los resultados sean apreciados por la mayoría de gente. Quizás es un poco como seguir montando a caballo tras la invención del automóvil pero, ¿porqué no?

En el estudio, Barcelona, abril 2009

En el estudio, Barcelona, abril 2009